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Homenaje a Jaime Torres: “Ya no volveré a partir, valle florido”

En diciembre pasado fallecía un grande de la música argentina: Don Jaime Torres. Dueño de un genio sin igual, hizo del charango un instrumento que estuvo a la altura de las orquestas sinfónicas, de músicos como Astor Piazzolla y Paco de Lucía, sin dejar de lado a las nuevas generaciones del rock nacional. Nicolás Faes Micheloud, discípulo de don Jaime, repasa su vida y los momentos compartidos.


Por Nicolás Faes Micheloud*

Artesano del silencio, portador de una ancestralidad heredada, auténtica y militada desde la coherencia y el ejemplo. Soñador y peregrino de ese antiguo terruño, “la patria grande” Kimsa América, donde el charango era ritual de la Pacha misma, sin divisiones. En él, el charango era un todo y al cerrar sus ojos con un gesto poseído revivía en cada escenario la música ancestral como ofrenda y diálogo ritual del Altiplano. La exquisita composición rítmica de sus rasgueos, el color de sus matices, la tímbrica de su toque, todo estaba allí en una frase que él pronunciaba mientras abrazaba su charango en comunión con su paisaje y esencia: “esta es mi tierra”.

Nació el 21 de setiembre de 1938, en la ciudad de San Miguel de Tucumán, hijo de doña pastora Moyano y don Eduardo Torres, de los cuales aprendió el oficio de las cosas simples… ebanista boliviano, Don Eduardo [padre] fue quien con sus propias manos trabajó la madera y construyó el charango que luego se convertiría en el paisaje musical de un pueblo por todo el continente y el mundo.

“Ya no volveré a partir, valle florido, donde yo aprendí a vivir, no puede haber olvidos… por Quillacoyo feliz, a la chimba chica vuelvo…”  quizás sea esta cueca un fiel retrato de su infancia, lleno de aromas, sabores y recuerdos nostálgicos que inspiraban al virtuoso detrás de aquel niño tucumano…

Parte de su niñez transcurrió junto a su madre, en la Chimba Chica, Cochabamba (Bolivia) como ilustra la cueca con letra del poeta Jose “Tati” Laso y música de Jaime Torres y que lleva el nombre de este pueblo de su infancia añorado donde hoy descansan por su voluntad un puñado de sus cenizas:

En 1943, con la llegada de la Compañía Peruana de Arte a Buenos Aires, Torres conoce al maestro Mauro Nuñez (Chuquisaca-Bolivia) y a la edad de 5 años comienza a andar los caminos del charango, de la mano de este icónico maestro. De él heredaría una estética y concepción que cambiaría para siempre ese pensamiento de la época que tenía al charango como instrumento menor, o poco sutil. Si algo preponderó en el charango de Jaime Torres, fue la sutileza.

Nacimiento del charango

En 1958 se incorporó a la compañía de folklore de Ariel Ramírez –que años antes había integrado también Don Mauro Nuñez- con quien estrechó un vínculo profundo desde lo humano y artístico y que, hasta podría decirse, era de mutua inspiración. Juntos compartieron composiciones como Nacimiento del charango o el bailecito El charanguito, entre tantas otras donde Ramírez parecía captar a la perfección los toques y sonoridades del charango.

En 1964 participó del estreno de la Misa Criolla donde entre lo sacro y lo nativo inmortalizaría en la obra el sonido de su mítico instrumento. Así la interpretaría en incontables oportunidades junto a Los Fronterizos, Mercedes Sosa, Zamba Quipildor, José Carreras, Susana Moncayo, Patricia Sosa, entre otros.

En 1975 junto al cantautor Jaime Dávalos, el pintor Medrano Pantoja y el escritor Jorge Calvetti dieron nacimiento a un encuentro llamado Tantanakuy que, con los años, se fue consolidando hasta erguirse como un evento de profunda trascendencia y comunión con “la anterioridad” – como le gustaba a don Jaime referirse a ese resabio antiguo de nuestros mayores-. Allí se reunían –y lo siguen haciendo- músicos, artesanos, poetas e intelectuales de trascendencia internacional y local.

En 1996 fue inaugurada en Humahuaca la Casa del Tantanakuy, lugar de sueños, utopías y anhelos y morada final de las cenizas del Maestro.


*Sobre el autor de la nota

Nicolas Faes Micheloud, charanguista, docente e investigador, quien ha dedicado parte de su trabajo al rescate y puesta en valor de la obra del Mtro. Jaime Torres, discípulo y amigo ha sabido recrear su obra, recibiendo elogios del Maestro del Charango. Señalado como un continuador de una estética con nombre y apellido, Nicolás, recibió de Jaime Torres su “suite en concierto” con orquestación de Gerardo Gandini convirtiéndose en el primer, y único charanguista en interpretarla por voluntad de su autor.


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