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Muestra-homenaje a Juan Carlos “Chalo” Tulián

Desde: 07/06/2018 - Hasta: 06/07/2018

Salas Federales (San Martín 857, Ciudad Autónoma de Buenos Aires)

El jueves 7 de junio se inauguró en las Salas Federales del Consejo Federal de Inversiones (San Martín 857, Ciudad Autónoma de Buenos Aires), una nueva edición de Gracias Maestro. Se trata del ciclo que, desde 2009, destaca el legado de artistas que trascendieron fronteras y dejaron una huella que aún hoy es transitada por nuevas generaciones.

Este año, se presenta un homenaje a Juan Carlos “Chalo” Tulián (1947-2016), una figura indispensable en el ámbito de las artes de Cuyo. Escultor admirado por sus colegas, legó una obra magnífica que refleja su carácter, pensamiento y virtuosismo. 

“Armaba sus estructuras y construcciones incorporando maderas y chapas de hierro, ya que tiene conocimientos muy agudos sobre máquinas, mecanismos y ensambles, logrando efectos muy singulares y creativos gracias a su imaginación, donde algunas de las obras nos remiten a los juguetes que hemos usado en nuestra niñez, generalmente artesanales con un nivel de prolijidad y acabado dignos de un ebanista calificado”, señala el artista Jorge Gamarra, quien fue invitado a escribir el texto de presentación.

La exposición puede visitarse de lunes a viernes, de 12 a 19 horas, hasta el viernes 6 de julio inclusive en las Salas Federales del CFI (San Martín 857, Ciudad Autónoma de Buenos Aires).

VIDEO DE LA INAUGURACIÓN




BANNER DE LA INAUGURACIÓN



FOTOS DE LA INAUGURACIÓN








INTRODUCCIÓN

Estela Labiano, la mujer de Chalo Tulián (1947-2016), me invitó a realizar un prólogo para la exposición de su marido, quien nos presenta hoy una muestra de sus esculturas en el Consejo Federal de Inversiones (CFI). Dado que no soy un teórico en las Artes Plásticas, trataré de hacer una semblanza del escultor y del amigo, hablando de él y de su obra con mi mirada, como escultor y par en esta disciplina que se llama Escultura.

No recuerdo exactamente el año cuando vi por primera vez a Chalo Tulián pero sí que fue en uno de los concursos que se realizaban en los años ’90 en la ciudad de Resistencia, Provincia del Chaco. 

Después vinieron otros encuentros tales como simposios y exposiciones en distintos lugares del país, lo que hizo que nos cruzásemos personalmente en varias oportunidades y en esas fiestas porque así lo sentíamos, venían los recreos que era nada más y nada menos que las cenas en las cuales nos reuníamos, generándose interminables tertulias donde el vino era el puente para intercambiar sucesivas charlas donde se hablaba obviamente de arte pero sobre todo acerca de las técnicas y materiales que nos preocupaban a cada uno de nosotros. 

Por supuesto aparecían otros temas como la política, las historias personales etc., pero lo que recuerdo con más nitidez son las charlas en las que hablábamos sobre aquello que tiene que ver con el oficio. 

Y era precisamente en estos momentos donde todo hace suponer que sólo el acto de las ideas y lo conceptual es lo que tiene validez en las artes plásticas y no así la manualidad bien entendida, donde las herramientas y las técnicas ayudan a descubrir los interrogantes y dificultades que se nos van presentando en el día a día cuando se trata de concretar nuestras obras. 

Las herramientas encierran la magia de la transformación y su eficacia no es sino la consecuencia directa de su forma, encerrando la sabiduría ancestral de los productores de objetos para uso propio o colectivo.

En una de aquellas charlas le pregunté por su origen, debido a la terminación de su apellido, si es que este era armenio, con lo cual se echó a reír y me explicó que su origen era indígena, descendiente directo de los Comechingones y fue justo en ese instante donde entendí sus silencios y lo profundo de su personalidad. 

Su mirada penetrante en la que, además, uno descubría que poseía un alma inquieta de curiosidad, así como en lo humano podía encontrar la nobleza de alguien generoso en sus acciones;  digo esto porque entre otras situaciones que lo conocí, es que cuando se enfermó le dejó su taller en pleno funcionamiento, entero, con herramientas y todo equipado a su ayudante y escultor Víctor Gallardo, quien lo acompañó en sus aspiraciones alrededor de 20 años.

En la escultura pueden observarse dos técnicas, si podemos llamarlas así: una es la de quitar materia y la otra es la de agregarla. La más común y conocida para agregar es la del modelado y la arcilla como aglutinante, mientras que la talla comprendería a la primera técnica. 

Chalo utilizó la técnica del agregado, sólo que no fue con el modelado, sino con otros y diferentes materiales. Armaba sus estructuras y construcciones incorporando maderas y chapas de hierro, ya que tiene conocimientos muy agudos sobre máquinas, mecanismos y ensambles, logrando efectos muy singulares y creativos gracias a su imaginación, donde algunas de las obras nos remiten a los juguetes que hemos usado en nuestra niñez, generalmente artesanales con un nivel de prolijidad y acabado dignos de un ebanista calificado. 

Asimismo, no podemos dejar de ver, en algunas obras, el dominio que tiene sobre los materiales, como las veces en que incorpora la talla para resolver el tema de su creación, dominando perfectamente esta disciplina. La verdad es que dominaba un sinfín de técnicas que lo hacía resolver los distintos aspectos de la escultura, tales como la cerámica, la herrería y algunos plásticos como el poliéster. Lo escuchaba hablar sobre el tema de la fundición con una solvencia que llamaba mi atención tanto conocimiento en esta materia. 

Era muy crítico cuando en su obra no aparecía lo que estaba pergeñando. Esto lo constaté en un simposio, donde se paró frente a su trabajo y en voz alta expresaba su desconformidad  con el faltante o sobrante en los volúmenes de su escultura. También lo hacía con otros escultores, manifestándolo abiertamente aunque con mucho respeto para aquellos que estábamos presentes y supiéramos lo que pensaba.

Fue un creador incansable, con un concepto muy definido y claro en su  búsqueda. En nuestro medio existe una proliferación de imágenes plásticas, escultóricas  muy diversas donde se pueden apreciar las distintas  orientaciones  estéticas, culturales y políticas de los autores. 

Chalo Tulián no se priva de hacernos saber, a través de sus esculturas,  su malestar y desacuerdo con la política, con la sociedad que nos circunda y con todo lo que tiene que ver con los sometimientos en los países, siempre fue muy claro y a su vez muy ácido en todas sus propuestas. 

Como bien dije al comienzo de este texto, no era mi intención teorizar, primero porque no sabría hacerlo y segundo porque ustedes pueden ahora estar presentes y visualizar, en esta exposición del CFI la obra tan potente y magnífica de Chalo Tulián.

Siempre fui un ferviente admirador de su obra, por lo que agradezco a Estela  Labiano que me dio la posibilidad de escribir sobre alguien que admiro y quiero, esperando que esta exposición proyecte la figura de Chalo y la importancia de su escultura a nivel nacional. 

Jorge Gamarra
Junio de 2018


EL ARTISTA

Juan Carlos "Chalo" Tulián nació en 1947 en la ciudad de San Juan. Se radicó en Mendoza en 1970. Estudió Artes Visuales en la Universidad Nacional de Cuyo hasta 1976. Viajó a México en 1981, donde se radicó hasta 1987, año en que regresó a la Argentina. En México se desempeñó en la docencia en la Universidad Ibero Americana de México, Universidad Autónoma de Puebla y en el Instituto de Artes Visuales de Puebla. Allí comenzó a dedicarse de lleno a la escultura en cerámica, yeso, madera y fundición. 

En Argentina ejerció la docencia en la Universidad Nacional de Cuyo hasta su jubilación. Participó de simposios nacionales e internacionales en Argentina, Bolivia, Italia y Canadá. 

Realizó exposiciones individuales y colectivas en EE UU, Canadá, México, Bolivia, Chile y Argentina. Algunas de sus obras pertenecen al patrimonio de los Museos Eduardo Sívori y Palais de Glace, de Buenos Aires y a otros museos del interior del país. Realizó esculturas y relieves de gran envergadura para espacios públicos en distintos lugares de Argentina, Chile y Bolivia.

Exposiciones individuales de los últimos años:

2015. Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO). Oaxaca, México.
2015. “Los Vehículos Infernales”, Nave Cultural, Municipalidad de Mendoza. Mendoza, Argentina.
2013. “La Mesa donde desayunó Mandinga”, Museo Provincial de Bellas Artes, Franklin Rawson. San Juan, Argentina.
2011. “La Mesa donde desayunó Mandinga”, Nave Cultural, Municipalidad de Mendoza. Mendoza, Argentina.
2007. Exposición de Esculturas en metal en “Manzana 1”. Santa Cruz, Bolivia.

Como escultor ganó los premios más importantes que se entregan en Argentina.

Principales premios obtenidos:

1997 Gran premio de Honor del Salón Nacional.
2002 Premio Manuel Belgrano. Museo Sívori, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
2004 Primer Premio Bienal Internacional de Escultura, Chaco.

Falleció en Mendoza el 25 de febrero de 2016.



ALGUNAS DE SUS OBRAS